¿Y qué haces aquí? Con tantas posibilidades para estar en otro lugar. Afirmó un conocido la semana
pasada, y le aseguré en un corto y convencido discurso que: me recreo observando los volcanes, me encanta chuparme los dedos saboreando una tortilla, disfruto mi paseo en bicicleta y ese rayo de sol al amanecer no lo entrega el creador a cualquier nación. Sonreí y con mi gesto entendió que mi inversión estaba garantizada.
Después de varios años de vivir en ésta tierra con olor y sabor, se hace conveniente expresar mi creencia absoluta al afirmar que me encuentro en el mejor lugar para vivir dentro de lo que mis posibilidades y experiencias me permiten experimentar. Ahora soy un empresario y como tal debo amar la tierra donde establezco mi negocio, tengo que estimar a la gente que me rodea, con sus fortalezas y áreas por mejorar y efectivamente he aprendido a querer al guatemalteco.
Como empresario trabajo con ellos todos los días y tenemos diferencias, y aquí si que las hay, pero nos animamos a pensar que la evolución humana está en admitirlas y no en esconderlas o huirles. Guatemala me ha enseñado el valor de pensar diferente y en creer que el problema no es la diferencia, es su tratamiento.
Cómo no creer en una tierra que tiene: Una Casa de Santo Domingo, que en Europa hace revuelo cuando se cuentan sus historias de servicio y estrategias de negocio; un Pollo que no es Campero, es universal, trascendió y se coló entre los mejores; Malher, que hace todo fácil en la mesa; Helados Sarita, un salto hacia la industrialización y comercialización de helados. Incontables ejercicios de empresas exitosas en los mercados internacionales, creo que vale la inversión, ¿verdad?
Estoy mencionando tal vez algunas de las marcas más publicitadas, pero Guatemala tiene un mapa de empresarios lanzados, con creencia en ellos, que a veces no tienen ese capital semilla que facilita demostrar de que se está hecho, pero una gran mayoría sabe de competitividad y permanecen para convertirse en esa historia del ave fénix, que le facilita resurgir de sus cenizas (problemas en el caso de los empresarios) cada vez que las tiene.
Cómo no pensar que Guatemala es la mejor inversión: La Antigua, sus calles y colorido; Cobán, lagos, flora y fauna; Izabal con su lago y un Rio muy Dulce, quién no ha disfrutado un atardecer con Manatís y Cocodrilos; Livingston con su magia garífuna; Atitlán y sus pueblos distribuidos a su alrededor como una pincelada del mejor de nuestros pintores, en fin todos los rincones de la Patria, cada uno con su atractivo.
Guatemala como nación, patria, territorio o simplemente como mi espacio actual, es mi mejor inversión, e invito a todo aquel que aún no rentabiliza la suya, que se anime a conocer y a comprobar lo que para mí no admite duda, estoy en el mejor lugar.
Los empresarios debemos promover el olor de nuestra tierra para que otros le encuentren el sabor.