El número de colegas que solicitan una cita para hablar de ciertas situaciones que les preocupan en su vida es creciente, y eso es parte del ejercicio, tanto profesional, de mi parte, como de cualquier ser humano que quiere hacer una análisis de su trayectoria, con una mirada externa, que le sirva de pared para rebotar y reflexionar sobre lo que hace en su vida, sus acciones.
Hasta aquí todo va bien, lo interesante es la principal temática que viene a la consulta, en este caso al coaching, lo que preocupa, pero que no ocupa un lugar primordial en la vida de muchos ejecutivos. Lo viene ocasionando un desajuste creciente en la población gerencial de nuestras compañías y empresas.
Me refiero a un desequilibrio entre lo laboral, personal y familiar, donde la primera área, el trabajo, se ha convertido en un túnel al cual se ingresa y luego la persona queda perdida, sin saber qué significa, y cuál es la verdadera función de ese campo en la vida de un ser humano.
Se volvió un léxico casi natural frases como: me falta tiempo, trabajaré el fin de semana, tengo que visitar el médico, no aguanto más esta situación; en general agobio, estrés, insatisfacción, agotamiento, y por supuesto baja productividad personal, que afecta la empresa y mata al individuo.
¿Qué esta pasando? Lo primero es falta de capacidad para parar y entender de qué se trata la vida, que si ésta no se lleva con equilibrio, se desalinea y la enfermedad ocupa el espacio de la energía. Es necesario que el ejecutivo revise las creencias con las que vive hoy, pero según las investigaciones, con las que apenas sobrevive.
Y una de mis preguntas predilectas: ¿tengo que querer lo que hago o tengo que hacer lo que quiero? Muchos están queriendo lo que hacen, por un salario, una pensión o la falta de decisión para empezar a hacer lo que quiere, eso que lo apasiona y lo lleva a dignificarlo como ser humano, donde lo personal se vuelve definitivo y la familia toma otro espacio y valoración, se llama equilibrio y calidad de vida.
Por ello la necesidad de cambiar ciertos hábitos, esas creencias que se constituyen en nuestra verdad, a través de información y experiencia, y que luego repetimos por el resto de la vida, cuidado con conductas que nos limitan y recordemos que entre más tiempo la repites más se robustecen. Una creencia limitadora es sustituida cuando ingresamos otra, y esa es la esencia y el poder de cambiar un hábito.
El día Miércoles 1 de diciembre de 17 a 21 horas desarrollaremos un taller denominado cambiando hábitos para el 2011, Costo Q500.00, Tel 55 25 56 65; observamos que se hace necesario una parada que beneficie lo físico y emocional, eliminemos ese falso bienestar que parece nos dan un trabajo o un estatus de fachada, pues el costo pagado por esos pocos momentos de alegría que generan una venta o una meta, no compensan un llanto en casa o un dolor agudo en el cuerpo, que finaliza en una sala de cirugía.
La maravilla del hábito es que una vez lo adquieres, navega solo y te lleva a dónde decidas, y hacer el cambio no es difícil, pero su impacto en la vida, si lo es.
El número de colegas que solicitan una cita para hablar de ciertas situaciones que les preocupan en su vida es creciente, y eso es parte del ejercicio, tanto profesional, de mi parte, como de cualquier ser humano que quiere hacer una análisis de su trayectoria, con una mirada externa, que le sirva de pared para rebotar y reflexionar sobre lo que hace en su vida, sus acciones.
Hasta aquí todo va bien, lo interesante es la principal temática que viene a la consulta, en este caso al coaching, lo que preocupa, pero que no ocupa un lugar primordial en la vida de muchos ejecutivos. Lo viene ocasionando un desajuste creciente en la población gerencial de nuestras compañías y empresas.
Me refiero a un desequilibrio entre lo laboral, personal y familiar, donde la primera área, el trabajo, se ha convertido en un túnel al cual se ingresa y luego la persona queda perdida, sin saber qué significa, y cuál es la verdadera función de ese campo en la vida de un ser humano.
Se volvió un léxico casi natural frases como: me falta tiempo, trabajaré el fin de semana, tengo que visitar el médico, no aguanto más esta situación; en general agobio, estrés, insatisfacción, agotamiento, y por supuesto baja productividad personal, que afecta la empresa y mata al individuo.
¿Qué esta pasando? Lo primero es falta de capacidad para parar y entender de qué se trata la vida, que si ésta no se lleva con equilibrio, se desalinea y la enfermedad ocupa el espacio de la energía. Es necesario que el ejecutivo revise las creencias con las que vive hoy, pero según las investigaciones, con las que apenas sobrevive.
Y una de mis preguntas predilectas: ¿tengo que querer lo que hago o tengo que hacer lo que quiero? Muchos están queriendo lo que hacen, por un salario, una pensión o la falta de decisión para empezar a hacer lo que quiere, eso que lo apasiona y lo lleva a dignificarlo como ser humano, donde lo personal se vuelve definitivo y la familia toma otro espacio y valoración, se llama equilibrio y calidad de vida.
Por ello la necesidad de cambiar ciertos hábitos, esas creencias que se constituyen en nuestra verdad, a través de información y experiencia, y que luego repetimos por el resto de la vida, cuidado con conductas que nos limitan y recordemos que entre más tiempo la repites más se robustecen. Una creencia limitadora es sustituida cuando ingresamos otra, y esa es la esencia y el poder de cambiar un hábito.
La maravilla del hábito es que una vez lo adquieres, navega solo y te lleva a dónde decidas, y hacer el cambio no es difícil, pero su impacto en la vida, si lo es.