Dijimos en nuestra columna anterior que las empresas con verdaderos procesos de transformación y acción, aquellas que le apuntan a la competitividad sana, tanto interna, como externamente, han decidido cambiar a sus jefes y supervisores por entrenadores, personas con perfiles de facilitadores y agentes de cambio, aquellos que pueden hacer de una empresa un emporio, partiendo de dentro y no del mercado.
Si usted quiere establecer un programa de coaching o entrenamiento en su empresa debe partir de una premisa básica y fundamental, el primer paso, creer en las personas que tiene contratadas, partir del nosotros, y no de la competencia, del mercado, del proveedor, del precio o de cualquier otra variable, que debilita una acción de verdadero cambio, cuando la perspectiva es crecer y competir en las grandes ligas de los negocios, usted inicia con lo propio.
El segundo elemento, es que trabajamos desde las fortalezas para llegar a las problemas y no nos diagnosticamos con la fiebre o las cualidades del vecino, trabajamos en las dificultades de nuestra gente, en especial de aquellos que se convierten en entrenadores o coach, quienes llegan allí, después de haber sido entrenados, o haber sido coachee. No se trata de un curso, donde usted aprende un método y luego lo aplica, aquí debe haber experimentado la propia transformación dentro del método.
Entendemos que solamente cuando he podido experimentar, sentir y transformarme, puedo ayudar a la transformación de otros, es el paso tres. Se trabaja con experiencia en la temática tratada y en transcurso del propio cambio experimentado en la persona que convertimos en entrenador dentro de la empresa, no traemos expertos, creamos experiencia al interior de la empresa, trabajamos con nuestro propio ADN.
El cuarto paso y sustancial del programa de coaching empresarial es generar confianza, por ello trabajamos con nuestra propia gente, para disminuir los indicadores crecientes de desconfianza en las empresas (promedio de confianza en medianas y grandes empresas en Centroamérica 6.83 de un indicador de 10)[1] Solamente cuando los indicadores de confianza son aceptables en las empresas, más de 8, podemos pensar en tener realmente equipos de trabajo.
Cuando hablamos de equipos, estamos refiriéndonos a gente que no solamente tiene un objetivo, que están comprometidos con el mismo y que lo hacen común a todos, con ello disminuimos los variados y crecientes conflictos entre departamentos y unidades administrativas y operativas de la empresa, que diluyen un muy buen producto, un excelente servicio, o una marca de prestigio.
Los conflictos internos acaban las aspiraciones de ser competitivos. Atacan la esencia del talento interno, y luego nos quejamos de lo externo. La propuesta de un programa de coaching parte de lo individual, ejercicio personal, se basa en la autogestión, partiendo del compromiso con una política institucional, donde el presidente o el gerente general deben animarse a vivirlo. Continuaremos con los otros análisis.
[1] Investigaciones con gerentes y directores de empresas. RYBSIDEAS. 2009