Conozco la fórmula, la vida, me permitió experimentar de una situación difícil económicamente a una moderada, dónde hoy puedo decir que mi preocupación no es el dinero, eso no quiere decir que lo rechace, pero encontré la forma que ese bien deje de ser lo más preocupante en mi vida, permítame compartir algunas experiencias al respecto.
Por éstos días encontré un joven de unos 26 años, de nombre Pablo, quien lleva varios años como mecánico de bicicletas, y pareciera que su vida está elaborada y para él casi confeccionada: casado, con una buena salud, un trabajo que le entrega mensualmente para sus gastos, pero no más, no hay ahorro, las emergencias, siempre eso son, no hay nada de reserva. Él cree que así se vive la vida.
Pablo vive el mes a mes, la preocupación y el enfoque es sobre la cantidad de dinero que llegará para cubrir los gastos, sus problemas aparecen cuando sus ingresos no dan la talla. En esos casos, me dice Pablo, por lo regular, existe una cuenta a la que se carga todo, se llama preocupación y ansiedad, ésta tiene una alta tasa de interés que cobra paulatinamente y finalmente genera un desfalco emocional y corporal.
La semana pasada le compartí mi fórmula, lo invité a que se inscribiera en la universidad, que se animara a romper el círculo de la pobreza y los bajos ingresos, que se animara a dedicar un tiempo a adquirir conocimiento, pero él no estaba preparado para esa conversación y como es natural, en muchos de nosotros, aparecieron las excusas, esa fuerza que crea su propio argumento para demostrarnos que estamos mejor sin tener que enfrentarnos a otros paradigmas.
Conozco muchos Pablos que tienen un salario mínimo y solo alimentan anhelos, sueños y pretensiones de comprar un terreno, disponer de un carro y tantas otras cosas, pero solo les alcanza para la cuota inicial, que consiste en darle de comer a las posibilidades, son personas que no vitaminizan su vida con acción, con ese maravilloso poder de tomar una decisión para salir de pobre.
Mi formula es compren todo lo que quieran con conocimiento. Estoy convencido que 5 años de inversión de Pablo en la universidad le construirán un futuro mejor a él y a su familia. Él sabe que puede pasar de mecánico a administrador y luego a poseer su propia tienda y convertirse en un empresario, pues sus negocios son las bicicletas.
Necesitamos que nuestros jóvenes se atrevan a pasar por la universidad, requerimos que aprendan a masticar conocimiento, éste país tiene talento, lo compruebo día a día en el interior y todos los rincones de la patria, brindemos oportunidades personales e institucionales para que todos aquellos que aún viven en pobreza de conocimiento, se animen a pasar a la sala de cirugía que genera la reflexión y la nuevas ideas, que finalmente derrotan la pobreza. Hasta la próxima.