Sí que para todo colombiano de bien, observar que varios compatriotas, pueden ahora caminar sin el temor de pisar las cadenas que les mantuvieron atrapados sus sueños por varios años, nos hizo vibrar de emoción, algunos soltamos unas cuantas lagrimas de felicidad y regocijo por ellos y sus familiares, pero tenemos otras más atrapadas, igual que el resto de seres humanos que siguen clamando libertad en la selvas colombianas.
Escuchando y viendo las imágenes que pasaban los noticieros, pensaba en cuán definitivo es ese concepto que muchos humanos no valoramos en la justa medida, que éste lo es; observar como los policías, los ciudadanos de Norte América y la propia Ingrid Betancourt, expresaban como increíble, el que la vida les diera una nueva oportunidad y todos con el mismo deseo de aprovecharla, y hacer lo que ahora creen que deben hacer.
Creo que hay una gran lección para aprender de todo lo que este grupo valeroso de ciudadanos del mundo, nos entregan en cada entrevista y momento que la vida les brinda. Hablan de lo difícil que fue convivir sin con quien hablar, señalan la creación de unos lazos imborrables entre algunos de ellos, el aprovechamiento de cualquier utensilio u objeto que por inservible que parecía, podría otorgar un gran beneficio, para ello no hay más que mirar el tipo de pulsera que luce Ingrid en uno de sus brazos.
Todos, sin excepción han señalado el trato recibido de inhumano, y con claras comparaciones a los campos de concentración, de los cuales parece que ya nos habíamos olvidado, pero no, desafortunadamente siguen dando párrafo, novelas, cuentos y películas estarán en el menú de los próximos meses, ya se movilizaron los creativos y preparemos a leer y ver más sobre algo que parecía un recuerdo de historia.
El tema de discusión se ha entramado entre; si fue el gobierno colombiano el artífice de la obra maestra, si se pago rescate o si se vendieron algunos de los guerrilleros, y creo que lo más importante es que la libertad reintegro a un grupo de humanos a su seno, el lugar donde siempre debemos estar y por el que debemos luchar, incluso hasta la muerte, pues no tiene sentido estar caminando por un mundo en el que nuestro pies no dejen huella, pues se ven limitados por cadenas y candados que impiden la normal aplicación de la ley de gravedad, limitando nuestro paso por las instituciones y la sociedad.
Ahora que podemos incorporar algo de esta experiencia en nuestras propias vidas, Cuántos de nosotros tenemos personas a quienes pudiéndoles dirigir la palabra, hablarles, expresarles sentimientos, no lo hacemos, porqué nos cuesta establecer relaciones duraderas, confiables y leales? Pareciera ser que existen otros lugares donde no hay logos de las FARC, pero se aplican algunos de los mismos símbolos narrados por los ex/secuestrados.
Recuerdo en una compañía en la cual fui invitado para ayudar a resolver una diferencia entre dos funcionarios y una de las soluciones planteada fue colocar un separador de 1.70 metros para que no se vieran las caras mientras trabajaban. No les parece que en algunos casos, muchas familias y empresas tenemos nuestras propias selvas y campos de concentración vigentes.
La reflexión es para que muchos que hemos vivido de forma encadenada, dejemos de vivir como secuestrados y empecemos a hacer lo que tenemos que hacer.