Por algunas razones y otras, sin razones, me vendieron la idea que debía ser lo más homogéneo a mis coterráneos, y así trate de vivir gran parte de mi vida, hasta que descubrí lo fascinante que es ser diferente, atreverse a cuestionar, y en especial hacerlo con uno mismo, es un proceso de aprendizaje rápido, creativo y constructivo.
Debemos atrevernos para hacer parte de la variedad, de lo novedoso. La diversidad se expone cuando cada uno de nosotros, con los encantos y magias que poseemos, vamos por la vida marcando un estilo, una forma de vida, la que muchas veces se convierte en modelo para otros, si nos animamos a pensar diferente y hacer lo que no hacen los demás, podemos estar delineando un nuevo esquema de relaciones, donde pensar diferente, no vislumbre una enfermedad, que contamina y destruye relaciones.
Las empresas que hoy mandan en los mercados son aquellas que tienen varias propuestas de productos y servicios, las que han inventado una nueva forma de relacionamiento con el cliente y/o consumidor. La empresa que hoy en día no tiene un producto o servicio que se diferencie en algo de la competencia, entonces no tiene nada. Si trasladamos esa afirmación a las personas, podemos decir que un colaborador que no se diferencia en algo de otros compañeros, no tiene nada, y en cualquier momento puede hacer parte de nuestro creciente niveles de desempleados.
Pregúntese usted que tiene de diferente, cuál es su aporte real, su neurona de contribución a la familia, empresa, ciudad o al país; en general a ese nuevo espacio de convivencia que todos deseamos, pero en el cual pocos contribuimos. Anímese primero a recapacitar que otros no piensan como usted, dese el lujo de no tener que tener la razón, eso es como estar en el paraíso, con los pies en la tierra. Cuando usted se brinda el espacio para escuchar otra opinión, puede reafirmar su paradigma, ajustarlo o cambiarlo, en cualquiera de casos aprende.
El problema para muchos es que no queremos saber nada de las diferencias con otros, y eso si que atrasa la vida y por supuesto la sociedad empresarial. Bien claro está que hoy en día no pretendemos vincular gente a la organización que venga a escuchar y obedecer órdenes, contratamos personas que traen nuevas ideas y que se atreven a desafiar la homogeneidad, para no seguir haciendo lo mismo, para el mismo cliente y en las mismas condiciones.
Los estudios dicen que en un supermercado en los EE UU hay aproximadamente 40.000 productos distintos y que una familia promedio cubre un 80 a 85% de sus necesidades con 150 productos, la pregunta es ¿Y entonces qué pasa con los otros 39.850 que se quedan en los estantes? muy probablemente los empresarios de esas compañías tienen que estar pensando en bajar precios, despedir colaboradores o simplemente cerrar. ¿La verdad que vale la pena hacer algo diferente?
Pregúntese por un momento en qué empresa se encuentra. Se permite usted pensar diferente, existe una cultura dentro de la organización para hacerlo? De lo contrario podría estar usted siendo una más de los homogéneos, en un mundo de clientes heterogéneos. Hasta pronto.