Por varias circunstancias, que no detallará, llega a mi bolsillo, hace mucho tiempo, años, tal vez, una tarjeta que ofrece premiar al usuario por utilizarla en ciertos expendios, tiendas o comercios que se encuentren inscritos a la misma, razón por la cual, mi cerebro trata de recordarme que es importante llevarla y utilizarla.
Confieso que no soy disciplinado para ello, pero lo que sé ocurrió, fue que me acostumbre a llegar a determinadas tiendas donde se utiliza la tarjeta, y así, no la llevará, pasaba comprando en esa red de comercios, gracias a ello, apareció la historia que les deseo compartir.
Hace unos días, pasadas las 6 de la mañana, salí de mi casa, con todo el deseo de poner gasolina, y por supuesto me detuve en el primer expendio que encontré en el camino a la ciudad, perteneciente a la red, confieso, me daba cierta tranquilidad, para mi sorpresa, la persona que atiende, muy amablemente, lo reconozco, se acerco para darme un «fíjese que» y usted ya sabe la continuación, debía esperar unos minutos.
Ese es un momento en que no se puede esperar y decidí sonreír, observar el evento como una casualidad y continuar mi camino para detenerme en la segunda estación de servicio, por supuesto de la red, allí comprobé que lo anterior se repetía, tanto el fíjese como la amabilidad, pero en ese momento la amabilidad para mi, pasaba a segundo plano, necesita la vitamina de mi carro y estaba perdiendo tiempo, por una preferencia de la cual ahora tengo duda.
Sin embargo, procedí a darme otra oportunidad y creer que las 6:30 de la mañana para las gasolineras de mi preferencia, era una hora muy temprana, por ello continúe y casi, en la frontera con mi sitio de destino, ingresé, creo que por última vez, a un expendio de mi combustible preferido, allí entendí que no había ninguna casualidad, que se confirmaba de una cultura institucional, la cual ahora ya no prefiero.
Si estos expendedores de combustible supieran lo que ocasionan en los usuarios, que tenemos todo el interés de seguir siendo fieles a sus marcas, pero que renunciamos a la acumulación de puntos, por un servicio oportuno, donde la amabilidad se incorpore, pero no se encubra con ineficiencia y la falta de tacto para saber que el negocio del combustible se mueve desde las primeras horas de la mañana y no desde el momento que la persona que atiende se digne decidir cual es la hora del servicio.
Les cuento que reaccioné a ésta experiencia, ahora soy consciente que dejar mi tarjeta, no representa ninguna pérdida, pues mientras no me demuestren que tiene sentido seguirla pasando por los lectores electrónicos, dejaría de usarla, y comprar?? en otros sitios, dónde puede que no tengan puntuación para acumular. Prefiero la agilidad para atenderme, disposición y actitud de su gente, pues he valorado que esos puntos son más impactantes en mi vida diaria.
Eso lo comprobé cuando al dejar de pensar en mi socio tradicional, me atreví a entrar con las gasolineras que poco visitaba, y al hacer algunas preguntas, me hablaron de su servicio 24 horas, disponibilidad inmediata, y una programa institucional contra el fíjese. ¿Y usted que prefiere?